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A diferencia de otros blogs, aquí raramente se encuentran trabajos concluidos. En su mayoría están en un lento pero constante proceso de construcción, pues es intención mía la de ir intercambiando con los posibles lectores diversos puntos de vista a los efectos de ir construyendo los trabajos con una dialéctica progresiva. El tiempo dirá sobre la efectividad de este método.

martes, 23 de agosto de 2011

A propósito de "El Misterio de Los Pañeros"





Transcribo un párrafo, que quizá pueda echar luz sobre los "misterios" de la institución. Pertenece al libro: "La Sombra de Salomón", de Laurence Gardner.

 [...]


"El principal de estos gremios, un gremio que sigue existiendo hoy en día [www.thedrapers.co.uk] era la compañía de los pañeros. Se fundó en 1180, siendo legalizada mediante decreto real por Eduardo III, en 1364. De entre sus miembros salió el primer Lord Mayor (alcalde) de Londres, Henry Fitz Alwyn, en 1209. El título completo de la Comañia que tiene un carnero a modo de vellocino de oro en su escudo de armas, es El Maestro, los Vigilantes, los Hermanos y las Hermanas del Gremio de la Fraternidad de la bienaventurada Virgen María del Misterio de los Pañeros de la Ciudad de Londres.

Para comenzar, conviene llamar la atención sobre el uso de los términos Maestro y Vigilantes tal como se utilizan precisamente en la francmasonería, así como los términos Hermanos y Fraternidad. Pero aquí se menciona también a las Hermanas, una notable diferencia entre los gremios de oficios y las entonces emergentes logias masónicas. A las mujeres se les permitía ser miembros de los gremios de pañeros, sombreros, encuadernaciones y orfebres, pero no podían serlo de los gremios de pizarreros, martilladores o masones. No obstante, estaban obligadas a renunciar a su membrecía si se casaban con hombres que pertenecían a otros gremios. Sin embargo, los que se reunían después del trabajo en tabernas como The Apple Tree o The Goose and Gridiron no eran los miembros independientes de los gremios (fueran hombres o mujeres), sino los cargos supremos de las compañías de oficios. Ellos ya sabían quiénes eran los Maestros y los Vigilantes, pues eran ellos los que componían la jerarquía de los gremios de la ciudad. Las tabernas eran su lugar de reunión después del trabajo, del mismo modo que la fraternidad de Lloyd se asoció con los cafés. Pasado el tiempo, las reuniones entre gremios se organizaron de forma más regular, y se trasladaron de la zona del bar a las habitaciones traseras o superiores de la taberna, donde los participantes idearon un formato de logia basado en sus ceremonias formales de compañías de oficios. Sin embargo, lo que tampoco nos pasa desapercibido en el nombre completo de la Compañia de Pañeros (al igual que en otras de tales compaías) es la palabra Misterio: el Misterio de los Pañeros.

A pesar de que los reyes de Inglaterra fueron normandos a partir de 1066 (culminando su presencia a través del vínculo matrimonial con Esteban I de Blois), a partir de 1154 surgió otra monarquía de influencia decididamente francesa, con la Casa de Plantagenet, originaria de Anjou. Junto a esto, en 1161, los Caballeros Templarios establecieron su cuartel general en Londres, cerca de Fleet Street (en la zona que aún hoy se conoce como el Temple), que potenció enormemente el influjo francés en la ciudad en aquella época. Se utilizaba mucho el idioma galo en la capital, y el inglés cambió considerablemente a causa de ello, mezclándose las palabras a medida que ciudadanos franceses e ingleses intentaban comunicarse.

El origen de la palabra "misterio", tal como la entendemos, proviene de las antiguas referencias griegas a las ceremonias privadas. Pero, en lo referente a los pañeros, los merceros, los tenderos, los vinateros, los sastres y demás compaías de oficios, la palabra "misterio" era una corrupción de la antigua palabra francesa mestier, que hacía referencia a un "oficio ocupacional". El Misterio de los Pañeros significa simplemente el "Oficio de los Pañeros". Por tanto, las logias masónicas son "misterios" en dos aspectos:

1) Las reuniones de las logias eran ceremonias privadas;
2) eran mestiers en el sentido en que seguían el ejemplo de las compañías de oficios de Londres, a las que tomaban como modelo, llegando al punto de tener insignias, escudos de armas, distintivos, pancartas y vestimentas. Estos eran los "misterios" a los cuales era admitido el masón."

[...]

Ahora bien, este apunte sobre el secretismo en torno a los misterios de la Orden puede darnos una cierta intuición respecto del proceso de construcción de lo que hoy, algo más uniformada y "petrificada", llamamos "masonería"; lo que a su vez nos lleva a preguntarnos respecto de si la Orden y su Filosofía, su configuración ideológica y sus contenidos simbólicos, aún no se encuentran en proceso de elaboración, cambio y movimiento. El valor de las tradiciones, a este respecto, puede ser bastante relativo, en razón de que su actualización crítica puede carecer de legitimidad práctica si no está orientada al estímulo de las perspectivas volitivas de los tiempos que corren. Recrear en este ámbito la perenne disputa entre Heráclito y Parménides constituye la esencia de la vida ideológica interna de la filosofía libertaria de una orden que puede despistar a quien quiera encontrar en ella un remanso intelectual y una transimisión hermética pacífica, contínua y coherente. Para quien así lo piense, las religiones positivas pueden otorgarle mejor contención y perspectivas totalizantes.

Por lo pronto, la introducción tergiversada del término "misterio" en la historia de la Orden, que escuetamente Gardner propone, puede llevarnos a revivir endopáticamente un hecho social, como fue la progresiva transición de las asociaciones de oficios dotadas de una heráldica de signos, hacia una institución pretendidamente esotérica y heredera de conocimientos iniciáticos, tributaria de antiguos misterios, y dotada de una heráldica de símbolos en los que pretende basar su método gnoseológico. El hecho no es menor, aunque de imposible resolución en una institución en donde toda evidencia sólo se concede como una propuesta, y en donde el criterio último de validación radica en la elaboración intelectual individual y en la fuerza con que esas ideas mueven a la voluntad práctica del masón. Entiendo que esto no indica un relativismo en la matriz ideológica de la masonería, puesto que si bien no existe a este respecto una filosofía oficial e infalible, ni puede pretenderse una locura semejante, la diversidad de teorías y concepciones sobre la naturaleza de la masonería, sus fines y su contenido no excluye que alguna de ellas pudiera ser, aun en el plano de las posibilidades, objetivamente más "cierta" que otras; pero justo es resaltar que, ciertamente, este enorme abanico filosófico deja a los masones con la pesada responsabilidad de elaborar, concientemente (y por lo tanto individualmente) su propio contenido simbólico con mayor compromiso y rigor hacia una verdad trabajada por la búsqueda. Y eso, definitivamente, no es poco.