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A diferencia de otros blogs, aquí raramente se encuentran trabajos concluidos. En su mayoría están en un lento pero constante proceso de construcción, pues es intención mía la de ir intercambiando con los posibles lectores diversos puntos de vista a los efectos de ir construyendo los trabajos con una dialéctica progresiva. El tiempo dirá sobre la efectividad de este método.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Platón y el atávico simbolismo del Mediodía



El arte de la traducción ciertamente es difícil. El viejo refrán italiano que juega con la similitud entre los términos traductor (traduttore) y traidor (tradittore) da cuenta de lo arduo de dicha ocupación. Es por eso que la remisión a los textos originales y a sus traducciones más fieles puede aportarnos nuevas luces que orienten el verdadero sentido de la obra y, en ocasiones, descubran detalles que abran la puerta a fructíferas investigaciones.

En el caso que ahora nos ocupa, tenemos el siguiente fragmento del “Fedro” de Platón:

Μήπω γε, ὦ Σώκρατες, πρὶν ἂν τὸ καῦμα παρέλθῃ. Ἢ οὐχ ὁρᾷς ὡς σχεδὸν ἤδη μεσημβρία ἵσταται ἡ δὴ καλουμένη σταθερά; Ἀλλὰ περιμείναντες καὶ ἅμα περὶ τῶν εἰρημένων διαλεχθέντες, τάχα ἐπειδὰν ἀποψυχῇ ἴμεν.[i]

En la traducción que publicara en 1871 Patricio Azcárate, el fragmento aparece traducido del siguiente modo:

“FEDRO:- No, Sócrates, aguarda á que el calor pase. ¿No ves que apenas es medio día, y que es la hora en que el sol parece detenerse en lo más alto del cielo? Permanezcamos aquí algunos instantes conversando sobre lo que venimos hablando, y cuando el tiempo refresque, nos marcharemos.”[ii]

Así las cosas, este pequeño párrafo no tendría mayores cercanías con la masonería que una cierta alusión al mediodía, su impronta en la temperatura, y la consecuente necesidad de detenerse a buen refugio para filosofar. No obstante, la traducción más literal de Editorial Gredos, célebre por su rigurosidad en estos menesteres, da cuenta de una ligera pero significativa variante:

“FED. - No, Sócrates, todavía no; no antes de que se pase este bochorno. ¿No ves que ya casi es mediodía, y que está cayendo, como suele decirse, a plomo el sol? Quedémonos, pues, y dialoguemos sobre lo que hemos mencionado, y tan pronto como sople un poco de brisa, nos vamos.”[iii]



Como se ve, esta traducción literal aparece como vinculada con la masonería de un modo más estrecho, al punto de preguntarnos si como tal no constituye el origen de la impronta horaria en los rituales masónicos, particularmente la del mediodía.

Mackey, en su celebérrima enciclopedia, no parece dar muchas precisiones respecto del origen de la expresión, remontándola a la tradición de la construcción del Templo y en antiguos rituales del S. XVIII sin mayores datos.[iv] Por su parte, el más reciente diccionario masónico de Juan Carlos Daza tampoco aporta mayores datos al respecto, insistiendo en la idea del mediodía como el momento de mayor luz del día[v].

¿Pero es esto así? De la inteligencia textual del texto platónico se colige que la hora referida tiene una influencia mayormente térmica que lumínica, lo que, en una estación determinada, puede llevar a exigir que sea el momento adecuado para buscar descanso y refugio del “bochorno” horario y, en aras a un ocio creativo, volcarse a la reflexión. Y dado que los trabajos masónicos son de suyo reflexivos y masónicos, la génesis de la expresión ha de haber estado vinculada en la práctica a esta realidad más que a un contenido simbólico determinado que, si bien se ajusta a su desarrollo lógico, no tiene asidero con ninguna empresa constructora operativa real. Si se quiere insistir sobre el origen operativo del gremio, deberá tenerse en cuenta que las grandes obras catedralicias, verbigracia, se hacían precisamente durante las estaciones más cálidas por cuestiones obvias de secado de argamasas que impedían el desplazamiento de las grandes piedras y las fijaban adecuadamente. Por lo que en las estaciones gélidas y húmedas, en donde el mediodía boreal no generaba tales bochornos, tal hora no tenía incidencia alguna en la necesidad de descanso desde que los trabajos operativos estaban de hecho suspendidos.



No obstante, la vinculación de una hora de reflexión y una imagen alegórica de una luz que cae a plomo, sin duda resultan altamente sugestivos para el pensamiento masónico y no parece en balde sugerir que, conforme el innegable antecedente neoplatónico que parece subyacer en la formación ideológica de la masonería moderna, este texto parece haber tenido un papel significativo al momento de formular en sus rituales un simbolismo muy preciso sobre dicha hora central.
  




Posdata: Repasando una de las monografías de Carl Gustav Jung que aparecen publicadas en su celebérrima obra “Simbología del Espíritu”, encuentro que el autor refiere el cuento de Grimm del “espíritu en la botella”[vi], en donde los hechos se desarrollan a partir de que su protagonista llega a una vieja y enorme encina mientras pasea por el bosque durante el descanso del mediodía. El autor, no obstante analizar la figura arquetípica de Mercurio en el relato y otros aspectos secundarios, no se detiene sobre este significativo detalle de la hora. No obstante, por la misma función arquetípica que Jung le atribuye a los cuentos en la psiquis humana, el hecho no ha de ser casual y no sería de extrañar que la conjunción de las ideas de calor, descanso, luz y reflexión pueda encontrar ya no su fuente en simbolismos platónicos sino en atávicas formaciones arquetípicas de la mente humana. Quién sabe…








[ii] Vid. Platón, Obras Completas, Ed. de Patricio Azcárate, Tomo 2, Madrid, 1871.-
[iii] Vid. Platón, Diálogos, III, Ed. Gredos, pág. 337.-
[iv] Vid. Mackey, Albert, An Encyclopaedya of Freemasonry, New York y Londres, 1914, voz: High Twelve, pág. 328.-
[v] Vid. Daza, Juan Carlos, Diccionario Akal de la Francmasonería, Ed. Akal, Madrid, 1997, voz: mediodía, pág. 257.-
[vi] Vid. Jung, Carl G, “Simbología del Espíritu”, Ed. FCE, México, 2008, pág. 59.-

domingo, 27 de octubre de 2013

El epíteto "Abif"


     El primer artículo publicado en el primer número de "The masonic eclectic", en Septiembre de 1860, es de autoría de Albert Mackey. Está referido al epíteto "Abif" con que suele distinguirse al Maestro Constructor del Templo de Salomón del otro Hiram, rey de Tiro. Lo reproduzco en una traducción libre, y bajo cierta supervisión de mi Q.·. H.·. M.·. L.·.. Por lo demás, este primer número de "The masonic eclectic", afortunadamente, puede encontrarse en la sección Google Books y descargarse libremente.


El epíteto "Abif"
Por Albert G. Mackey, M. M.
          

           Cientos de masones tienen por costumbre casi diaria referirse a la palabra "Abif", o escuchan referirla, sin tener una idea aproximada de su significado o su derivación. No obstante, es una palabra muy importante y que penetra en la historia masónica como para dejarla en tal oscuridad, y por lo tanto un intento de dilucidar su verdadera significación no puede ser del todo carente de interés para el estudiante masón.

            ABIF es un epíteto que se ha aplicado en la Escritura al célebre constructor que fue enviado a Jerusalén por el rey Hyram, de Tiro, para supervisar la construcción del Templo. La palabra, que en el hebreo original es אביף, y que pueden ser pronunciadas abiv o Abif, se compone del sustantivo en el estado constructivo אבי, Abi, que significa "padre", y el sufijo pronominal ף, que, con el sonido vocal precedente, suena como iv o if, y que significa "su", de modo que la palabra así compuesta Abif literal y gramaticalmente significa: "su padre." La palabra se encuentra en Crónicas II, iv. 16, en la siguiente frase: "Los calderos y las palas y los garfios y todos sus instrumentos hizo Hiram su padre al rey Salomón." La última parte de este versículo está en el original de la siguiente manera:



            LUTERO ha sido más literal en su versión de este pasaje que los traductores ingleses, y pareciendo suponer que la palabra Abif la considera simplemente como un apelativo o apellido, conserva la forma hebrea, así su traducción es como sigue: "Hiram Abif machte dem Könige Salomo." La versión sueca es igualmente exacta, y en lugar de "Hiram su padre" nos da "Hyram abiv." En la Vulgata Latina, al igual que en la versión en Inglés, las palabras se vuelven "Hiram pater ejus." Dudo que Lutero y el traductor sueco fuesen correctos en el tratamiento de la palabra Abif como un apelativo. En hebreo la palabra Ab o padre es de uso frecuente honoris causa, como un título de respeto, y puede entonces significar amigo, consejero, sabio, o alguna otra cosa de carácter equivalente. Así el Dr. CLARKE, al comentar sobre la palabra abrech, en Génesis xli. 43, dice: "Padre parece haber sido un nombre en el cargo, y probablemente el padre del rey o el padre del faraón podría significar lo mismo que el ministro del rey entre nosotros". Y en el mismo pasaje en el que se utiliza esta palabra Abif, dice: אב, Padre, a menudo se usa en hebreo para significar un maestro inventor, jefe operador." Gesenius, el distinguido lexicógrafo hebreo, da a esta palabra significados similares, como benefactor, maestro, profesor, y dice que en el árabe y el etíope se habla de alguien que se destaca en algo. Esta costumbre idiomática fue seguida luego por los hebreos, como Buxtorf nos cuenta, en su léxico talmúdico, que "entre los talmudistas abba, padre, siempre fue un título de honor" y cita las siguientes palabras de un tratado del célebre MAIMONIDES, que, al hablar de los grados o rangos en que se dividieron los doctores Rabínicos, dice: "la primera clase consiste en la que cada uno de los cuales lleva su propio nombre, sin ningún título de honor, el segundo de los llamados Rabí, y los hombres de esta clase también reciben el apodo de Abba, Padre ."

            Una vez más, en Crónicas II, ii . 13 , Hiram , rey de Tiro , en referencia al mismo Hiram, hijo de la viuda, aunque se habla de la continuación en referencia al rey Salomón como "su padre" o Abif en el pasaje ya citado, escribe a Salomón: "Y ya he enviado un hombre hábil y entendido , Hiram mi padre." La única dificultad en esta frase se encuentra en la prefijación de la letra lamed ל, antes de Hiram, que tiene las palabras l'Huram Abi como significado "para Hiram mi padre"* en lugar de "Hiram mi padre." LUTERO tiene de nuevo la visión correcta de este tema, y traduce la palabra como un apelativo: "So sende ich nun einen weisen Mann, der Berstand hat, Hiram Abif,”  es decir, "Así que ahora te envío un hombre sabio, que tiene entendimiento, Hiram Abif ." La verdad es que sospecho, aunque se ha escapado a todos los comentaristas, que lamed en este pasaje es un Caldeísmo que se utiliza a veces por los escritores hebreos posteriores, que emplean incorrectamente, el signo del dativo por el acusativo después de verbos transitivos.

Así, en Jeremías (xl. 2) tenemos esa construcción: vayakach rab tabachim l'Iremyahu, es decir, literalmente, "y el capitán de la guardia tomó para Jeremías," donde ל, l, o para, es un caldeísmo redundante, la verdadera representación debe ser "y el capitán de la guardia tomó a Jeremías". Otros pasajes similares se encuentran en Lamentaciones iv. 5, Job v 2, etc. De la misma manera que ל puesto antes de Hiram, supone que los traductores ingleses han hecho de la preposición "para" algo redundante y una forma del caldeo, entonces la frase debe leerse así: "Tengo enviado un hombre hábil y entendido, Hiram mi padre", o si se considera como un apelativo, debería ser,"Hiram Abi".

De todo esto concluyo que la palabra Ab, con sus diferentes sufijos, se utiliza siempre en los libros de Reyes y Crónicas, en referencia a Hiram o Hiram el constructor, como un título de respeto. Cuando el rey Hiram habla de él lo llama "mi padre Hiram," Hiram Abi, y cuando el autor del Libro de las Crónicas está hablando de "el padre de Salomón" se refiere - "su padre" -, a Hiram Abif. La única diferencia está hecha por las diferentes denominaciones de los pronombres mi y su en hebreo. Ambos reyes de Tiro y de Judá  llevaron la relación honorable de ab o "padre", como equivalente a un amigo, consejero o ministro. Él era "Padre Hiram." Los masones tienen por lo tanto toda la razón al negarse a adoptar la traducción de la versión en Inglés, y en la preservación, siguiendo el ejemplo de Lutero, de la palabra "Abif" como apelativo, apellido, o el título de honor y distinción otorgada al principal constructor del Templo.





* Puede observarse que este no podía ser el verdadero significado, para el padre del rey Hiram no era otro Hiram, sino Abibaal.