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A diferencia de otros blogs, aquí raramente se encuentran trabajos concluidos. En su mayoría están en un lento pero constante proceso de construcción, pues es intención mía la de ir intercambiando con los posibles lectores diversos puntos de vista a los efectos de ir construyendo los trabajos con una dialéctica progresiva. El tiempo dirá sobre la efectividad de este método.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Platón y Masonería: de los opuestos al necesario retorno a una masonería mítica.




Seria innecesario referir a estas alturas mi predilección por el Fedón de entre los diálogos platónicos. Y quizá sea por ello que su relectura me depara momentos gratos de grave reflexión. En muchos casos esta reflexión me remite a tópicos de la francmasoneria, sea porque ésta tiene una genética platónica por excelencia, sea porque la versatilidad  simbólica de la masonería así lo permite. Cualquiera sea el caso, hoy quiero detenerme en este significativo párrafo:


“¡Qué extraño, amigos, suele ser eso que los hombres denominan ‘placentero’! Cuán sorprendentemente está dispuesto frente a lo que parece ser su contrario, lo doloroso, por el no querer presentarse al ser humano los dos a la vez; pero si uno persigue a uno de los dos y lo alcanza, siempre está obligado, en cierto modo, a tomar también el otro, como si ambos estuvieran ligados en una sola cabeza. Y me parece, dijo, que si Esopo lo hubiera advertido, habría compuesto una fábula de como la divinidad, que quería separar a ambos contendientes, después de que no lo consiguió, les empalmo en un mismo ser, y por ese motivo al que obtiene el uno, le acompaña el otro también a continuación.”[i]


Del mismo extraigo dos tópicos masónicos que juzgo relevantes. El primero de ellos remite a la teoría de la armonía de los contrarios, constante en el pensamiento griego y que aquí encuentra una concreción platónica. En otro post de este blog me he detenido a analizar la relación de los opuestos con el ternario masónico, por lo que me remito a lo allí expuesto[ii]. No obstante, esta referencia platónica de dos contrarios unidos en una misma cabeza, o dos seres empalmados en uno, constituye una imagen que el simbolismo humanista no tardara en hacer proliferar en una iconografía profusa, y en la que la masonería abrevará hasta tomar como símbolos propios ideografías de viejo cuño pero inspiradas en esta perenne filosofía griega, platónica por demás.



El segundo tópico, se desprende necesariamente del anterior. Quiero decir que es tal la fuerza de la imagen que Platón pone en boca de Sócrates, que éste se ve impelido a referir que el mismo Esopo habría compuesto una fábula sobre la misma. Y es acá mismo en donde la vinculación con la francmasonería cobra un vigor que puede pasar desapercibido si se vive el Arte de un modo acrítico y sin ahondar en sus raíces filosóficas. 

La masonería se encuentra vertebrada en un conjunto de símbolos que se articulan progresivamente en emblemas que trasuntan un relato mítico, de un modo deontológicamente graduado. Los ritos son varios y variopintos, conforme a una mayor o menor ideología religiosa, esotérica (a veces en el más triste de sus sentidos) o pragmática, pero siempre su columna vertebral (es decir, su sentido más genuino) ha de pasar por un relato dotado de un contenido moral. Las nociones entre símbolo, signo, señal, parábola, metáfora, fábula, analogía, etc., serán distinciones precisadas y profundizadas a partir del renacimiento con un esmero muy fructífero, pero teniendo como antecedente obligado esta necesidad de representar ideográficamente valores a los que no se puede acceder sino a partir de una seria actitud filosófica ante la vida.  La masonería, hija tardía de aquellas sociedades cristianas del renacimiento que pretendían una regeneración humana global en base a modelos sociales idealizados, hará suyas estas inquietudes a través de una ideografía particular, tendientes a ilustrar un relato mítico en torno a la leyenda salomónico-hirámica. La nota distintiva de la francmasonería es que dotará a este relato mítico, simbólicamente ilustrado, de una representación escenográfica en ritos estructurados de un modo gradual y con un sentido deontológico basado en la catarsis griega. 

Pero a poco que un francmasón lea el texto platónico de marras, en donde aparece un Sócrates próximo a beber la cicuta enseñando que la filosofía no es otra cosa que una preparación para la muerte, y entre cuyas enseñanzas vitales se encuentra este fuerte llamado a la reflexión filosófica sobre los opuestos, no podrá dejar de sentir la proximidad con la ritualidad masónica, estructurada deontológicamente hacia una preparación para la muerte simbólica con un sentido de trascendencia. Solo que en el caso de la masonería, la necesidad de una fábula aparece ya elaborada con forma de mito: el mito salomónico-hirámico, en donde la muerte viene a coronar una sucesión de grados simbólicos y a elaborar un mito trascendental de resurgimiento como respuesta al horror vacui que la sola idea de muerte suscita. 

Pienso que si los francmasones recuperáramos el sentido de la reflexión sobre nuestros ritos poniendo énfasis en una visión mítica volveríamos a encausar a la orden en su finalidad filosófica, y dejaríamos atrás tantos desvaríos esotéricos y confusiones religiosas que son del todo ajeno al espíritu genuino del Arte. En este sentido, quizá sea imperioso retomar la lectura de Platón y dejar de lado tanta literatura fantasiosa que resta gravedad a la institución francmasónica. Más Platón y menos Dan Brown podría ser una buena receta.    

Y quizá, insistiendo sobre la idea de los opuestos, sea esta crisis de perspectiva la que nos lleve seguidamente a la otra, a la filosófica, y pasen de ser las logias clubes sociales centrados en sus pequeñas intrigas internas, a verdaderas usinas de ideas que nos ayuden a los hombres a reencontrarnos con aquellos mitos que doten de sentido moral nuestro camino hacia la muerte, nuestro transito por esta vida.

Porque, parafraseando nuevamente a Sócrates, tal vez sea de lo más conveniente para quien es consciente de su viaje hacia la Nada ponerse a examinar y a relatar mitos acerca del viaje hacia ese lugar, de qué clase suponemos que es. “¿Pues qué otra cosa podría hacer uno en el tiempo que queda hasta la puesta del Sol?”[iii]






[i] Platón, Diálogos, III, Fedón, trad. y notas por Garcia Gual, Martinez Hernandez, Lledo Iñigo, Ed. Gredos, 1988, p. 31.-