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A diferencia de otros blogs, aquí raramente se encuentran trabajos concluidos. En su mayoría están en un lento pero constante proceso de construcción, pues es intención mía la de ir intercambiando con los posibles lectores diversos puntos de vista a los efectos de ir construyendo los trabajos con una dialéctica progresiva. El tiempo dirá sobre la efectividad de este método.

lunes, 23 de mayo de 2016

UNA PEQUEÑA DIGRESIÓN EN TORNO A OVIDIO Y EL ARQUITECTO DEL MUNDO



Dedicado a los actuales inquisidores de conciencias, extra et intra Ordine.


     En el Capítulo II del Libro I de Las Metamorfosis de Ovidio (1), que versa sobre la separación de los elementos que pone fin al caos existente en los orígenes del mundo, puede leerse textualmente:

"No permitió el arquitecto del mundo que los vientos poseyeran por completo el dominio del aire; ahora apenas se les puede contener para que no destrocen el mundo, tan grande es la discordia entre los hermanos, y eso que cada uno gobierna a su antojo en una corriente diversa." (2)


En él puede apreciarse la adjetivación de la fuerza divina en razón de su papel de racional ordenador del caos y, en tal sentido, puede constituir una de los tantas piezas de la arqueología masónica de aquel polémico símbolo cifrado como Gran Arquitecto del Universo. Desentrañar esa posible genética es uno de los objetivos del presente post. El otro, más lateral pero decididamente axiológico, quiere indagar su alcance práctico.

La inveterada costumbre de comparar por tamaños puede indicarnos una diferencia de magnitudes entre "mundo" y "universo", pero tal imputación, más digna de un análisis freudiano que de rigor mitológico, puede superarse fácilmente en razón de que la creación del mundo y del universo constituyen un mismo proceso dentro de la dinámica creadora. Ovidio así lo deja traslucir al comienzo de su obra: 

 "Antes que el mar, la tierra y el cielo, que lo cubre todo, en la totalidad del universo aparecía un único aspecto de la naturaleza ..." (3)



El mundo aparece así como lo opuesto al "Chaos" originario, y como única referencia del "Cosmos". Por lo tanto, la adjetivación de "arquitecto del mundo" tiene funcionalmente la misma fuerza denotativa que "arquitecto del universo". 

 La segunda objeción que puede hacerse está basada en la traducción de la expresión latina original "fabricator mundi" (4). El sustantivo "fabrica" en latín designa tanto al arte, la obra del artista, como a la arquitectura. Por lo que "fabricator" puede traducirse  válidamente como "causante", "creador", "artífice" o "arquitecto". Aunque es dable pensar que si Ovidio hubiera pensado estrictamente en la divinidad como en un arquitecto, le habría designado con el preciso término latino "architectus" sin arriesgar en demasía la métrica del poema. 

En sentido estricto,  no nos encontramos ante un antecedente directo del símbolo masónico conocido como Gran Arquitecto del Universo si atendemos a la literalidad. Sin embargo, cabe preguntarse si esta analogía entre creación y arte, entre causa y arquitectura, entre Creador y Artífice/Arquitecto no fue consolidando su abigüedad durante el renacimiento platónico, mediante la reelaboración de la idea de Demiurgo del Timeo, hasta desembocar en el pensamiento de Juan  Calvino, antecedente obligado de la expresión "Gran Arquitecto del Universo", y por lo tanto fuente directa del Pastor James Anderson que en 1723 la volcó en sus Constituciones. (5) 



Pero lo que, quizá, sí puede acercar el pensamiento de Ovidio al pensamiento latitudinario de la francmasonería moderna sean aquellos versos con que, siguiendo la versión en prosa citada, comienza el apartado referido a la separación de los elementos:

"Un dios y una naturaleza en progreso ponen fin a esta lucha..."

El traductor de la versión que seguimos, en sus notas aclaratorias afirma que "Ovidio se abstiene de decir cuál es ese Dios y si él lo identifica con la naturaleza (lo que parece indicar con el singular que emplea en el verbo); es para evitar discusiones con los filósofos." (6)

Es decir que, en el caso que nos ocupa, este notable poeta se sirve de la expresión simbólica de la divinidad sin dotarla de una personalidad determinada, eludiendo de este modo discusiones insolubles, y al sólo efecto de que la misma cumpla su rol dentro de la explicación mitológica que constituye el leitmotiv de sus versos. Y quizá sea éste uno de los posibles roles que en masonería deba cumplir la figura simbólica del Gran Arquitecto del Universo, adscrito a la serie de mitos que trabaja la Orden, fundamentalmente simbólica, en sus distintos grados. Bien entendida esta función podrá preservarse a la institución masónica libre de elementos dogmáticos, proselitistas e intolerantes, podrá dar cabida a todas las creencias y pensamientos, y a su vez poner un límite cierto a cualquier "estúpido ateo" que no entienda su verdadero espíritu, para poder de ese modo erigirse en un verdadero Centro de Unión de Hombres.









(1) Sigo en este sentido la versión en prosa castellana, con traducción de Vicente Lopez Soto, de la Editorial Juventud, Barcelona, 2002.-
(2) Idem, pág. 15.-
(3) Idem, vv 5 y ss.
(4) "His quoque non passim mundi fabricator habendum
aera permisit; vix nunc obsistitur illis,
cum sua quisque regat diverso flamina tractu,
quin lanient mundum; tanta est discordia fratrum.", vv 57-60. Vid. http://www.thelatinlibrary.com/ovid/ovid.met1.shtml
(5) Esta evolución de la idea platonica del Demiurgo encontró cimientos cristianos en textos bíblicos, vg.  Epistola a los Hebreos, 11, 10: "La ciudad, cuyo arquitecto y constructor es Dios..." hasta desembocar en Tratados de Arquitectura, como el de Philibert de L´Orme: "...vu que ce grand architecte de l´univers, Dieu tout puissant...", vid. L´Architecture, cit. por Pottié, Phillipe, Philibert de L´Orme, figures de la penseé constructive, Editions Parentheses, 1996.-
(6) Vid. op. cit., pág. 335.-